20 febrero 2007

Cuentecitos

Era la hora de dormir.
La liebre pequeña color de avellana se agarraba fuertemente a las orejas de la gran liebre color de avellana. Quería estar segura de que la liebre grande la escuchaba.
"Adivina cuánto te quiero", le dijo.



Adivina cuánto te quiero


Este precioso cuento de Sam McBratney nos demuestra que el amor no es algo fácil de medir. Sin embargo, es sencillo ver con cuánto amor está escrito e ilustrado el cuento, y el amor que había en las manos que me lo regalaron :) ¡Gracias!

Últimamente he tenido la oportunidad de leer algunos cuentos en los que el autor intenta describir cómo es el amor y la amistad. Como por ejemplo, en este capítulo de El Principito, que es uno de mis favoritos:

-¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el principito.

-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear lazos".

-¿Crear lazos?

-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo y yo seré para ti único en el mundo...

-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...

-Es posible -dijo el zorro-. [...] Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro se calló y miró un buen rato al principito.

-Por favor... domestícame -le dijo.

[...]

-¿Qué debo hacer? -preguntó el principito.

-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

El principito volvió al día siguiente.

-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.


Hablando de cuentos, el viernes mirando la cartelera descubrí que Miss Potter no es otra que Beatrix Potter, la autora de los cuentos del conejo Perico y todo un jardín de animales que me tuvieron bien entretenida cuando tenía unos 7 años.



El conejo Perico con su madre y hermanitos


Tuve la mala idea de leerme su biografía antes de ver la película, pero saber lo que iba a pasar no le restó emoción. Renée Zellweger y Ewan McGregor les dan tanta vida a sus papeles que no puedo evitar enamorarme de ellos. A muchos les puede parecer una película ñoña y aburrida. Es inevitable porque Potter, en la vida real, debió de ser, de hecho, bastante ñoña. Y esta película es una biografía real. Salimos del cine encantados :)

3 comentarios:

saricchiella dijo...

Yo tenía un calendario con dibujos de Beatrix Potter, con el conejo Perico y sus amigos... creo... hace mucho de eso :(

Desde luego que los ritos son una cosa olvidada, y es una pena, con lo que entretienen. Propongo uno: el Rito del Pitido Extraño. cuando venga el de mantenimiento a arreglar el pitido extraño en el despacho (nadie sabe por qué, pero sólo suena una vez al año), tenemos que esperarle en la puerta, haciendo un pasillo, y ponerle un collar de flores antes de que entre. Luego podíamos inventar una coreografía sencillita, algo rollo tribal, que se pueda acompañar con golpes en las mesas o en las cajas de los ordenadores. Y para terminar, no sé, cuando lo arregle podíamos ir todos a tomar café con Leche del Infierno a la cafetería. Por un final a lo grande, ya sabes. ¿Qué opinas?

:**************!!!

pd.- si lo instauramos nosotras podíamos ponernos de Sacerdotisas Supremas y todo xDDD

Anónimo dijo...

Dos conejitos, dos ratitas e incluso dos mosquitas, pueden hacer una preciosa historia, si en ese dibujo está contenido en amor del que lo hace. Lo mismo estoy siendo tan ñoño como la señora Potter, pero que bonito sería el mundo si todos dibujaramos un conejito en nuestro corazoncito. Me acuerdo que de pequeñito, jugando con las niñas de mi clase a las bodas, me tocó ser marido y cuando tocó ponernos los anillos, yo me lucí poniendole un trisky (que son aritos) y ella me sorprendio chupandome la mano y poniendome una calcamonía. Digamos que ella se comió el trisky y yo me labé 5 veces las manos, pero lo que intento decir es que hay un dibujo en cada uno de nosotros o tal vez una silueta, mostremosla y si podemos hagamos copias para regalarlas.
Yo he tenido suerte y un tal Sam McBrayney había hecho un cuento de unos de los capítulos de mi corazón.

estrella dijo...

¡¡Los cuentos son muy necesarios en la vida!!

Saricchiella: Me parece una gran idea lo del Rito del Pitido Extraño. Además sabemos que pasa anualmente, con lo que parte del rito ya lo tenemos hecho. Y qué mejor que ser Sacerdotisas Supremas y bautizar a los que se inician con la Leche del Infierno. MUAHAHAHAHAHA!!!! (ay no, que ahora soy buena!).
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Amado anónimo: Ains, quién hubiera sido esa niña y tenido la genial idea de ponerte una calcomanía en la mano como símbolo de amor eterno. El día que nos casemos, te propongo tatuarnos un anillo en vez de ponernos uno de verdad. Dicen que los diamantes son para siempre, pero yo creo que son los tatuajes. Gracias por dejarme entrar en tu corazón lleno de conejitos y triskys :)