08 febrero 2007

El último marciano

Por fin vuelvo con el especial del Ciclo de Lecturas. Y lo hago con un libro del que no esperaba gran cosa no sé por qué, tal vez por la biografía de las primeras páginas, y que me impresionó por varios motivos.

Uno de ellos es lo bien elegidas que están cada una de las palabras. Leerlo se convierte en algo delicioso porque el autor es capaz de transportarte a Marte y verlo absolutamente todo, como si se tratara de una película. Por otra parte, describe perfectamente la naturaleza humana, en todas sus facetas. No hay ningún personaje que no te creas, ningún comportamiento que no hayas visto alguna vez. También me llamó muchísimo la atención la forma de seguir la historia, mediante capítulos apenas relacionados que son historias en sí mismos, que no necesitan nada más para mostrarte su esencia: un sentimiento, una vivencia, una reflexión.

Y precisamente, la reflexión general que propone el libro es, a la vez que escalofriante, una llamada de atención porque es el camino que estamos siguiendo. ¿Qué haremos cuando los recursos en la Tierra estén agotados y el ecosistema del planeta destruido? ¿Qué haremos cuando todas las naciones no sean capaces de convivir bajo el mismo cielo? Tal vez, como el hombre de negocios que se encuentra el Principito (me estoy enamorando de ese libro!), miraremos a las estrellas, al amplio universo, y nos consideraremos poseedores de todo cuanto vemos porque fuimos los primeros en querer que así fuera. Entonces, contaremos todas las estrellas, apuntaremos el número en un papel, lo guardaremos bajo llave en un cajón, y diremos que son nuestras porque ése será nuestro único refugio.

El extracto que te dejo aquí es un poco largo, pero vale la pena leerlo :) Y se lo dedico a Sara porque:
1.- es la única que leyó o dio muestras de haber leído y aprobado la anterior lectura :P
2.- me dijo "Este libro hay que leerlo"
3.- ... sí! Guapa! :D



Pasó una semana, y Spender aún no había vuelto. [...] Una mañana que podía haber sido la de un miércoles, la de un jueves o la de cualquier otro día en Marte, Biggs estaba sentado a orillas de un canal, de cara al sol, con los pies sumergidos en el agua fresca. Un hombre se acercó caminando a lo largo de la orilla. Su sombra cayó sobre Biggs. Biggs alzó los ojos.

-¡Bueno! -exclamó.

-Soy el último marciano -dijo el hombre sacando su arma de fuego.

-¿Qué dices? -preguntó Biggs.

-Voy a matarte.

-¡Déjate de tonterías! ¿Qué broma es ésa, Spender?

-Levántate, que voy a meterte una bala en el vientre.

-¡Por amor de Dios, aparta ese arma!

Spender apretó el gatillo sólo una vez. Se oyó un leve zumbido. Durante unos instantes Biggs permaneció sentado a orillas del agua; luego se inclinó hacia adelante y cayó. El cadáver flotó con lenta indiferencia bajo las lentas corrientes del canal. Se oyó un hueco gorgoteo, y luego nada.

Spender guardó el arma y se alejó silenciosamente. El brillante sol de Marte le calentaba el dorso de las manos y le acariciaba las mandíbulas apretadas. No corrió; caminó como si nada hubiera cambiado, salvo la luz del día. Bajó hasta el lugar donde estaba el cohete. Algunos de sus compañeros desayunaban bajo un albergue construido por Cookie.

-Ahí viene el ermitaño -dijo uno de ellos.

-¡Hola, Spender! ¿De dónde sales?

Los cuatro hombres sentados a la mesa miraron a Spender, que los contempló a su vez silenciosamente.

-¡Mucho te interesan esas condenadas ruinas! -dijo Cookie riéndose y revolviendo una sustancia negra en una olla-. Pareces un perro en un campo de huesos.

-Es posible -dijo Spender-. Estuve averiguando cosas. ¿Si les dijera que encontré a un marciano rondando por los alrededores?

Los cuatro hombres dejaron los tenedores sobre la mesa.

-¿De veras? ¿Dónde?

-No importa dónde. Contéstenme a esta pregunta: ¿Qué sentirían ustedes si fuesen marcianos y un invasor devastara el planeta?

-Yo sé muy bien lo que sentiría -dijo Cheroke-. Llevo en mis venas algo de sangre cherokee. Mi abuelo me habló muchas veces de la historia de Oklahoma. Si hay algún marciano por los alrededores, yo estoy de su parte.

-¿Y ustedes qué dicen? -preguntó Spender, cauteloso.

Ninguno contestó. Sus silencios eran bastante elocuentes. Lo que encuentras es tuyo; si tu contrario te ofrece la otra mejilla, abofetéalo sin miedo, etcétera.

-Bueno -dijo Spender-; he encontrado un marciano.

Los hombres lo miraron de soslayo.

-Allá abajo, en una ciudad muerta. No esperaba verlo. Ni siquiera intenté buscar uno. Ignoro lo que hacía allí. He vivido cerca de una semana en la ciudad de un valle pequeño aprendiendo a leer los libros antiguos y contemplando las viejas obras de arte. Y un día vi a este marciano. Estuvo allí un momento y luego desapareció. No volvió hasta el día siguiente. Yo estaba allí estudiando la vieja escritura, y el marciano reaparecía una y otra vez, siempre más cerca. Hasta que un día [...] el marciano apareció ante mí y dijo: "Dame tus botas". Le di mis botas y dijo: "Dame tu uniforme y todo tu equipo". Se los di y me pidió mi revólver, y entonces dijo: "Ahora acompáñame y mira lo que pasa". Y el marciano vino al campamento, y ahora está aquí.

-No veo a ningún marciano -dijo Cheroke.

-Lo siento mucho.

Spender sacó el arma, y se oyó un zumbido apagado. La primera bala alcanzó al hombre de la izquierda, la segunda y la tercera a los que estaban a la derecha y en el centro de la mesa. Cookie, de cara al fuego, se volvió horrorizado y recibió la cuarta bala. Cayó de espaldas sobre las llamas y se quedó allí mientras las ropas le empezaban a arder. El cohete yacía a la luz del sol. Tres de los hombres estaban sentados, inmóviles, con las manos sobre la mesa. El desayuno se enfriaba ante ellos. Cheroke miraba a Spender, aturdido e incrédulo.

-Puedes venir conmigo -dijo Spender.

Cheroke no contestó.

- Puedes estar a mi lado en este asunto.

Spender esperó. Al fin, Cheroke pudo hablar.

-Tú los mataste -dijo, atreviéndose a mirar a los hombres.

-Se lo merecían.

-¡Estás loco!

-Quizá. Pero puedes venir conmigo.

-¿Ir contigo? ¿Para qué? -exclamó Cheroke, pálido, con ojos húmedos-. ¡Vete, fuera de aquí!

El rostro de Spender se endureció.

-De todos ellos, creí que tú entenderías.

-¡Fuera de aquí!

Cheroke echó mano a su arma.

Spender disparó por última vez y Cheroke dejó de moverse.


Crónicas marcianas. Ray Bradbury.

4 comentarios:

Ligeia007 dijo...

Que casualidad! justo hace un rato he estado viendo La Guerra de los Mundos (la versión de nuestro comedor de placentas favorito) y me he pasado la película entera pensando que si yo fuera la marciana invasora, también les daría pal' pelo a los humanos. Entre eso y que hace casi un año que vivo en Melmac y observo a la humanidad desde la distancia...no me resulta muy absurda la idea de la destrucción masiva (si el propio humano se autodestruye, ¿porque no van a hacerlo los que vienen de fuera? si ni nos tienen cariño ni na').
Yo lo haría...y me quedaría con todas vuestras cabich paskich, discos de Laura Pausini y camisetas de Cálico electrónico.
De hecho voy a empezar un movimiento invasor aquí en Melmac!
Así que si de repente ves aparecer una magdalena de chocolate directa hacia tu cara, ya sabes quien ha llegaaaado ^_^

Besiñooossss!!

Pd: ah! y el libro bien y eso XD

saricchiella dijo...

:O!!! Guapa!! :D Jo, qué ilusión!! ^_^

Este libro merece ser leído. Además, que como bien dices, se puede leer a trozos, porque cada historia es más o menos independiente (no del todo, pero sí mucho). Aunque yo una vez que empecé no fui capaz de parar...

Y desde luego, como sigamos así nos vamos a ganar una colleja de parte de los planetas mayores, por andar haciendo tonterías en el patio del recreo estelar. Como Melmac, por ejemplo. Lo bien que estaría tener guerras de bollería industrial, oye, qué manera de equilibrar la balanza. Acabas con el hambre en el tercer mundo y la obesidad infantil en el primero. Deberíamos pensarlo.

:************!!! (umm... magdalenas de chocolate... te estaremos esperando, Ligeia!! ^^)

estrella dijo...

Uo!! He doblado el número de lectores con esta entrega!! :D :D

Ligeia007: Tienes toda la razón, yo si fuera un marciano y viniera un estúpido humano a invadir mi planeta también le daría una buena patada en el culo... hombre ya!! Con lo bonito que tenían Marte, con sus canales, sus montañitas... (nada de árboles, pero es que no todo va a ser perfecto!). Estaré esperando tus magadalenas de chocolate melmacnianas con la boca abierta.
¡¡Besos!!
PD: Mira, esto es un regalito para ti.

Saricchiella: ¡Me alegro de que te haya hecho ilusión! Mis lectores son un público muy selecto y se merecen que les dedique algo de vez en cuando, verdad? ;) Y, decididamente, una vez que empiezas este libro no puedes dejarlo a medias... Me dio mucha penita devolvértelo ayer, ¡hemos pasado tan buenos momentos juntos! En fin, dale besitos de mi parte, snif.
:*********** (éstos son para ti)

Ligeia007 dijo...

ME ENCANTA!! XDDDDD
GRACIAS!

Pd1: XD
Pd2: XDD
Pd3: XDDD
Pd4: Me meo! (hoy tengo la risa floja XDDDD)
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XDDDD

Pd5: No me digais lo de las magdalenas 2 veces!
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.XDDD!!