05 julio 2007

De viaje

Con la llegada del verano, es difícil no soñar con el tiempo de descanso y los lugares a los que nos gustaría ir. Todo eso puede llegar o no, y si llega puede ser el sueño hecho realidad o una auténtica pesadilla. En cualquier caso, lo más emocionante, lo que quieres guardar en el recuerdo para siempre, son aquellas cosas que llegan por sorpresa, una aventura inesperada que cambia tu rumbo, aunque sólo sea un día o dos...

Eso es lo que les pasó a Penélope y a sus primos Simón y Pedro, la mañana que fueron de excursión en bote por la playa y se encontraron un extraño paquete parlante. De este modo, un sencillo día de playa se convirtió en un emocionante viaje a Mitología, tierra donde hay unos animales muy útiles llamados minovacas.



-¿Qué son las minovacas? -preguntó Penélope a Loro, que iba posado sobre su hombro.

-Son unos animales utilísimos -dijo Loro-, pero he de confesar que su creación fue más accidental que premeditada. Era allá por los primeros tiempos de Mitología, cuando H. H. andaba todavía muy atareado creando cosas útiles, como los árboles taponeros, por ejemplo. Pues bien, estaba intentando inventar una vaca que diera un suministro inagotable de leche, pero tenía que utilizar el minotauro mitológico como punto de partida, para que casara con todo lo demás. Dio la desdichada casualidad de que en aquel preciso día había perdido las gafas, y, en consecuencia, mezcló por error tres o cuatro hechizos. Al final fue una suerte, pero entonces el pobre H. H. se llevó un enorme disgusto. El caso es que desde entonces han demostrado ser todo un éxito.

Avanzaban entre los árboles, guiados por el tintineo de un cencerro y unos suaves mugidos, el sonido de un rebaño normal de vacas en un prado. Al fin salieron a un claro, y allí estaba el rebaño de minovacas. Los niños las contemplaron atónitos.

-Un poco sorprendentes a primera vista, ¿verdad? -dijo Loro con orgullo. [...]

Básicamente, las minovacas eran unos caracoles gigantes de color verde oscuro, con preciosas conchas doradas y verdes sobre el lomo; pero, en lugar de cuernos de caracol, tenían la cabecita gorda de una ternera recién nacida, con dos cuernecitos de color ámbar y una cascada de pelos rizados cayendo entre ellos. [...]

-Pero, ¿qué dan? -preguntó Penélope.

-Leche -respondió Loro-, y gelatina de minovaca, que probablemente sea una de las sustancias más útiles que se conocen.

-¿Y por dónde se las ordeña? -preguntó Pedro, muy intrigado.

-Por la concha -dijo Loro-. Cada una tiene en la concha tres grifos: en uno pone "caliente", y en otro "fría". Se abre el grifo, y ya está: leche caliente o fría, según se quiera.

-¿Y el tercer grifo? -preguntó Simón.

-Crema -dijo Loro.

-¡Caramba! -dijo Pedro, que era entusiasta de la crema-. ¡Sí que son útiles!


El paquete parlante. Gerald Durrell.

1 comentarios:

señor austin powers dijo...

Que ganitas de marcarme un viaje, que estoy ya hasta el huin de ser un INTERNO. Ahora, que si te quedas sin viaje, una buena opción es pasarte el día viendo REBELDE WAYYYYYYY. Bs